
Hoy, en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, los peregrinos rezaron el Santo Rosario en el lugar habitual, meditando los misterios gloriosos que honran la victoria de Cristo y la glorificación de su Madre. Antes del rezo, los fieles acompañaron a la Virgen en una breve procesión, avanzando en dos filas detrás de su imagen, que lució su manto blanco y extendido, con motivo del día del tránsito de su vida terrena a la vida eterna. Se puso a los pies de la imagen una bandera de Colombia con motivo del reciente terremoto en aquellas tierras hermanas.
El cielo se mostró nublado, con nubes densas que amenazaban lluvia, pero, gracias a Dios, el tiempo se sostuvo y permitió que la oración se desarrollara con serenidad. Todos los misterios se han rezado en español, creando un ambiente de unidad y recogimiento en este día tan especial para la Iglesia.
Una vez finalizado el Santo Rosario, pudimos participar de la Santa Misa presidida por el P. Paulino (capellán de la Asociación Pública de Fieles).
‟La Asunción: El regreso de la Reina” (cf. Lc 1, 39-56)
María vivió la ausencia de su Hijo como un profundo destierro y murió en una dulce dormición, porque su cuerpo inmaculado no pudo conocer la corrupción. Dios la llevó al Cielo en cuerpo y alma y la coronó como Madre de Dios y Reina del universo, anticipando la resurrección futura de la Humanidad. En el Apocalipsis apareció como la mujer vestida de sol, victoriosa sobre el maligno, cuya cabeza aplastó según el protoevangelio del Génesis.

La Iglesia ha reconocido que María intercede hoy por nosotros y dispensa las gracias de Cristo. Su Corazón Inmaculado triunfa como enseñanza permanente, y el Evangelio de Lc 1, 39‑56 nos recuerda su humildad y su Magníficat, donde proclama que Dios enaltece a los humildes. Permanecer unidos a Ella mediante el Rosario, la consagración y el escapulario es camino seguro de gracia y protección.
Al finalizar la Misa, todos los peregrinos pasaron debajo del manto de la Virgen para recibir las gracias de su protección maternal.


